Desde niños se nos enseña a hablar, escribir es un proceso más lento, dicen que es mejor decir las cosas de frente, otras se vuelven un tanto imposible, un tanto incoherentes, que acaban siendo grandes libros, pequeños poemas, o cartas nunca entregadas.
De niño me gustaban los cuentos, antes de leer, yo solía ser de los niños que necesitaban le contarán un cuento antes de irse a dormir, todas las noches esperaba mi cuento, con la misma ilusión de quien espera recibir ese regalo prometido.
Siempre he sido un tanto solitario, un tanto disperso, y eso es porque comúnmente vivo en mi mente inventando historias, para mi los juegos, siempre necesitaban tener una historia, aventuras, amor, tristeza, siempre acompañadas de una anécdota.
Me deboraba los libros, pero sobre todo, siempre me imaginaba en lugares lejanos, viviendo historias increíbles, siempre historias para mí, que solamente tenían sentido dentro de mí, y que quizá si las compartía sentía que no tendrían absolutamente sentido para los demás.
Quizá no soy el mayor lector, quizá hay libros que siempre he querido leer, y nunca llegaron a mis manos, pero cuando encuentro un libro, lo recorro, lo huelo, lo siento, tal vez por eso soy de los que se niegan a los libros digitales, no es lo mismo, no tienen olor, y las hojas, bueno, sentir las yemas de los dedos que recorren el libro de principio a fin, con la misma emoción que cuando recorres los rincones de esa persona que tienes frente a ti.
Hay libros que me han hecho llorar, otros tantos me han enojado, y muchos más han quedado inconclusos a la espera de sentirlos una vez más, hoy empiezo esta aventura para mí, esperando un día encuentre asiduos lectores que recurran a compartir experiencias, somos un país que añora un cambio, pero ese cambio necesita de lectores asiduos, que se coman hojas, que imagen, que piensen, que transformen, o quizá a veces lo único que se necesita son lectores, lectores que lean con gusto y con conciencia, que pongan rostros a esos personajes, y que inventen historias, vamos leyendo un poco más, vamos queriendo más y más.
De niño me gustaban los cuentos, antes de leer, yo solía ser de los niños que necesitaban le contarán un cuento antes de irse a dormir, todas las noches esperaba mi cuento, con la misma ilusión de quien espera recibir ese regalo prometido.
Siempre he sido un tanto solitario, un tanto disperso, y eso es porque comúnmente vivo en mi mente inventando historias, para mi los juegos, siempre necesitaban tener una historia, aventuras, amor, tristeza, siempre acompañadas de una anécdota.
Me deboraba los libros, pero sobre todo, siempre me imaginaba en lugares lejanos, viviendo historias increíbles, siempre historias para mí, que solamente tenían sentido dentro de mí, y que quizá si las compartía sentía que no tendrían absolutamente sentido para los demás.
Quizá no soy el mayor lector, quizá hay libros que siempre he querido leer, y nunca llegaron a mis manos, pero cuando encuentro un libro, lo recorro, lo huelo, lo siento, tal vez por eso soy de los que se niegan a los libros digitales, no es lo mismo, no tienen olor, y las hojas, bueno, sentir las yemas de los dedos que recorren el libro de principio a fin, con la misma emoción que cuando recorres los rincones de esa persona que tienes frente a ti.
Hay libros que me han hecho llorar, otros tantos me han enojado, y muchos más han quedado inconclusos a la espera de sentirlos una vez más, hoy empiezo esta aventura para mí, esperando un día encuentre asiduos lectores que recurran a compartir experiencias, somos un país que añora un cambio, pero ese cambio necesita de lectores asiduos, que se coman hojas, que imagen, que piensen, que transformen, o quizá a veces lo único que se necesita son lectores, lectores que lean con gusto y con conciencia, que pongan rostros a esos personajes, y que inventen historias, vamos leyendo un poco más, vamos queriendo más y más.
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